Hacia finales del siglo XIX “el vaso verde sobre la mesa de café simbolizaba anarquía o rechazo deliberado a las normas y obligaciones de la vida”. La bebida era estimada por la loca bohemia no solo como un afrodisíaco, sino como una fuente de inspiración artística. La lista de famosos bebedores de Absinth incluía a Edgar Allan Poe, Jack London, el dramaturgo August Strindberg y Oscar Wilde, para quien un vaso de ajenjo era “tan poético como una puesta de sol”.
Químico, músico, inventor, poeta y pintor, Charles Cros llego a beber veinte vasos diarios de ajenjo. Esto no le impidió desarrollar el telégrafo automático, el primer fonógrafo (llamado Pareophon) ni una especie de temprano proceso de fotografía a color.
Alfred Jarry, autor de Ubú Rey, solo consumía Absinth puro y a menudo salía a andar en bicicleta con la cara o el cuerpo pintados de verde, en tributo a la fée. “El whisky y la cerveza son para los tontos; el Absinth tiene el poder de los magos”, afirmaba el poeta ingles Ernest Dowson, autor de la oda alcohólica “Absintea Taetra”, escrita durante su estancia en Paris en la que frecuentó a Baudelaire y Mallarmé.
El poeta Paul Verlaine consumía abundantes dosis en compañía de su amigo Arthur Rimbaud. Una foto lo muestra en el legendario café Procope, sentado tras un vaso con la infaltable cuchara. Uno de sus versos dice que “mi gloria es un humilde y efímero Absinth”.
Vicent Van Gogh, fue iniciado en la materia por su amigo y colega Paul Gauguin y el Absinth se convirtió en un elemento poderoso para la inspiración y creatividad de los artistas de la época, “Bebedor de absinth”, cuadro de Edouart Manet, data de 1859; “L´absinthe” de Degas, es de 1876; la “Bebedora de Absinthe” de Picasso fue completada en 1901, por mencionar algunos de los cuadros de los artistas mas sobresalientes de la época donde el Absinth es el tema principal de su obra. |